Los lujos, la fama y el dinero no son opciones para todos los jugadores. Para algunos también abundan los insultos de los seguidores, las amenazas, las discriminaciones, las limitaciones de los clubes y el impago de sus honorarios.
Los expertos y los que no lo son, pero si aficionados, han discutido mucho acerca de nuestro fútbol, hemos escuchado comentarios como: «el fútbol de Guatemala no sirve» «borrachos» «nunca ganan nada»
Mucho se habla y se escribe acerca del poder seductor del fútbol y no es el objeto de este editorial sumarse a ello, pero si resaltar que sería bueno si utilizáramos la misma capacidad de interesarnos, de dialogar, de comentar, de informarnos y de unirnos alrededor de lo que once jugadores hacen en la cancha.
«Para llegar a ser un jugador profesional tuve que hacer muchos sacrificios, pero no más de los que hace cualquier trabajador para dar una vida digna a su familia. Un sacrificio que quizá no a todos les pasa y es el más importante, es el de vivir esta vida desde muy chico fuera de casa, de mi familia, de mis hermanos y amigos; es duro, pero yo lo elegí y lo asumí como necesario para disfrutar del fútbol» confesó recientemente el astro argentino Lionel Messi.
Ahora vamos a aterrizar a nuestro realidad, nuestro país.
En el ambiente abundan los comentarios de que los futbolistas viven bien, que tienen salarios altos y que apenas trabajan tres horas al día, sin embargo se desconocen las constantes luchas que enfrentan por ser parte de un selecto grupo.
Veamos algunos datos para darnos cuenta de la realidad:
En la Liga Nacional apenas hay cabida para 300 jugadores, En la primera división 500, En la segunda y tercera aún no todos los clubes les pagan a sus futbolistas.
Ser futbolista es el sueño de la mayoría de niños, Sin embargo es muy difícil entrar a ese mundo, es entonces cuando los sueños se ven frustrados.
Cada fin de semana nos acomodamos en nuestro sofá o asistimos al estadio para disfrutar del espectáculo deportivo.
Pero ¿Que hay detrás de todo ello?
Frío, calor, hambre, dolor, desánimo, tristeza, nostalgia, enojo, ira son algunos de los factores que atraviesan
Al momento de ingresar a la cancha estos factores tienen que desaparecer si o si, poner el mejor rostro y cumplir con su trabajo, es la responsabilidad de ellos.
Han sido tantos casos de jugadores que han visto el fin a su carrera futbolística
Edy «el chiri» Castillo, ya no soporto las constantes recaídas por sus lesiones en Petapa y decidió marcharse hacia Estados Unidos para trabajar junto a sus hermanos.
El mediocampista mundialista sub 20 José Carlos Castillo, quien prometía mucho, abandonó también la profesión aduciendo falta de oportunidades.
Como cualquier deportista, los futbolistas se someten desde muy pequeños a un proceso de formación que requiere una fuerte disciplina. Prácticamente se deben olvidar de su vida social. Pocos comparten con sus familias y amigos. Las fiestas no existen. Antes de las 20 horas deben estar descansando y recuperándose para someterse a nuevas rutinas de trabajo.
Hay muchos de ellos que desde temprana edad tienen que abandonar el lugar donde crecieron en busca de nuevas oportunidades.
Hay futbolistas que les ha tocado estar en un duelo sabiendo lamentables noticias.
El zurdo habilidoso Marco Pablo Pappa, el pasado 17 de febrero, cuando militaba con Municipal, en un enfrentamiento contra Guastatoya se enteró de la muerte de su madre Sucell Ponce. El zurdo tuvo que abandonar el estadio Manuel Felipe Carrera minutos después de que había ingresado de cambio. “Fue inesperado e impactante”, dijo en aquella ocasión.
Las amenazas hacia los futbolistas también están a la orden del día. El 29 de septiembre del año pasado Didier Sagastume, exjugador de Carchá, interpuso una denuncia en la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) por amenazas de muerte contra él y su familia.
“Un sujeto que no conozco y que nunca había visto me entregó una carta y me dijo ‘ahí te mandan’, yo pregunté quién me lo manda y como pudo me la puso en la manos. La tomé y él siguió su camino. Cuando abrí la nota lo primero que miré fue la fotografía con mi hijo en mis brazos, pero él estaba sin cabeza”, relató.
Como en todo trabajo, en algún momento llegan las desmotivaciones.
Lesiones, dejar a la familia, las malas noticias y las amenazan no completan el abánico de desafíos a los que se enfrentan los jugadores. En el futbol nacional abundan otros problemas como los insultos de los aficionados, las discriminaciones, las limitaciones de los clubes y tal vez el más grave, el del impago de sus honorarios.
El calvario que viven cuando se atrasan los pagos de salarios es insoportable para la mayoría de ellos.
La realidad es así: «Al futbolista que se va no le pagan y lo presionan para que acepte menos. El que desee quedarse le negocian la deuda antigua como medida de presión para que firme otra vez«
Haber iniciado su trabajo físico sin contratos firmados y que los clubes insolventes puedan inscribirse sin ningún inconveniente en la Liga Nacional son otros de los aspectos que enfurecen a los jugadores.
Aunque para muchos el futbol es un juego fácil, por el que ganan mucho dinero por darle patadas a un balón, la adrenalina de estar en la cancha y la presión de los espectadores es algo que solo los jugadores saben digerir y a lo que se enfrentan cada jornada, pese a no contar con las mejores condiciones y con las herramientas adecuadas para mejorar su rendimiento.
Acerca de los insultos que le propinan los malos seguidores a los futbolistas creemos que “es un problema cultural, educativo y de valores. El deporte es entretenimiento y disfrute. El comportamiento nocivo debe desaparecer y las autoridades deben tomar cartas en el asunto para aplicar castigos”
El camino que emprenden no es de rosas, ni mucho menos de reyes.
Todo esto es por amor al fútbol…

