Crisis política prematura

Noviembre fue el mes escogido para que estallara la bomba política en Guatemala. Tras una serie de acciones y decisiones tomadas por el Gobierno de Guatemala, encabezado por el presidente Alejandro Giammattei y de la Junta Directiva del Congreso de la República terminó en manifestaciones violentas pidiendo la renuncia de las autoridades.

Días antes del #21N, lo que sería la manifestación con mayor número de participantes, se vivió en el país la polémica aprobación del presupuesto 2021, que fue la gota que derramó el vaso entre el Gobierno Central y la sociedad guatemalteca.

Para el analista político Juan Francisco Callejas, el haber debilitado la lucha contra la desnutrición infantil y fortaleciendo los gastos del Congreso de la República provocó que los ciudadanos no aguantaran más y salieran a las calles a pedir la salida de los funcionarios.

“Todo tiene un límite y las autoridades lo sobrepasaron, luego contener la furia de la sociedad fue imposible”, dice Callejas, también catedrático de la Universidad Rafael Landívar.

Regresando al 21 de noviembre caberecordar los hechos que terminaron provocando la quema parcial del edificio del Congreso de la República, en donde un grupo de supuestos manifestantes causaron destrozos en las instalaciones. A unos 400 metros un grupo mayoritario mostraba su descontento en contra del Gobierno de manera pacífica.

Según Callejas, esto marcó la serie de manifestaciones que se vendrían, en donde “los buenos ciudadanos pensaron dos veces en seguir yendo a manifestar por el temor a sufrir con los gases lacrimógenos o sufrir golpes en las protestas”, añadió.

Para el analista político la violencia que se vivió en estas jornadas de manifestaciones le redujo la fuerza a las peticiones de la población. “Esto se pudo observar con las protestas futuras, donde cada vez se reducía el número de protestantes”, siguió.

La “fiesta” continuó

El #28N marcó otro día de manifestaciones violentas, en donde supuestos manifestantes, tachados de infiltrados terminaron por prenderle fuego a una unidad de Transurbano, que fue llevada a un costado del Palacio Nacional de la Cultura.

Carlos Pérez, un vendedor de frutas que tiene años de vender al frente del Palacio, recordó como debió de evacuar inmediatamente con su carretón ese sábado.

“Todo se empezó a salir de control, las personas inconformes, en su mayoría jóvenes; no respetaron a nadie y causaron destrozos”, señaló el comerciante de 40 años.

Al igual que Pérez otra decena de vendedores se vio afectada por la tarde noche de ese sábado 28 de noviembre. “Al siguiente día volví a colocarme en el mismo lugar con mis frutas, siempre con el temor de que aparecieran nuevamente los incidentes”, expuso.

Los días siguientes continuaron con manifestaciones pacíficas, en donde grupos del interior como los líderes comunitarios de los 48 cantones de Totonicapán, así como de Sololá viajaron a la capital para exigir la renuncia de Alejandro Giammattei, Junta Directiva del Congreso y Consuelo Porras, Fiscal General del Ministerio Público.

Esta acción fue replicada dos veces más en Cuatro Caminos, Totonicapán, en donde bloquearon durante todo un día la ruta Interamericana para protestar en contra de las autoridades. 

La Navidad

Con la llegada de las fiestas de fin de año el entusiasmo por manifestar bajó, aunado al temor de una segunda oleada de casos de coronavirus, que empezó a causar cierto temor en la población.

Las vísperas de navidad le trajeron mayor paz y tranquilidad al presidente de la República, ya que su nombre dejó de ser tendencia en las redes sociales. Sin embargo, se prevé que para inicios de 2021 se puedan retomar las protestas para continuar pidiendo su dimisión del cargo.

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